El futuro de Bachelet: No le pidamos peras al olmo

Enero 21st, 201012:09 am @ Sebastián Lehuedé

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Un político es lo que es y las circunstancias donde compite. De otra manera no se entendería que Salvador Allende o Sebastián Piñera fueran elegidos presidentes después de más de dos intentos.

En ese sentido, transcribo lo que escuché una vez decir a Matías del Río: los políticos son como un tanque que sólo sirven para algunos terrenos. El de Bachelet es un tanque que ha servido excelente para la creación de una red de protección social y de crear consensos para, por ejemplo, promulgar la LGE. Así se entiende la baja aprobación que tuvo durante sus primeros años de Gobierno y la alta popularidad que adquirió después de la crisis: su tanque, el de la seguridad social, funcionó perfecto para un momento de crisis, y la Presidenta supo aprovecharlo. Su discurso tuvo poco o nada que ver con el crecimiento económico y el aumento del desempleo. Ella es otra cosa y pasarle cuentas por lo que nunca aseguró que quería gobernar es absurdo.

Como no conocía el mundo de la política, no supo transformar a los Kirchner, sus amigos personales, en sus amigos políticos.

Su estilo de liderazgo tiene poco que ver con el de los presidentes de partidos o los líderes gremiales. Su genialidad consiste en saber lograr acuerdos hablándole al otro como si lo que ella dijera tuviera el respaldo de la gente común y corriente y que, si se está en contra de lo que se dice, se está en contra de la gente. Quizás por eso mismo su voz suena bien cuando habla de las chilenas y chilenos y no de los concertacionistas y de los aliancistas. Es legítimo cuestionar el conocimiento de Bachelet sobre cómo funcionan los partidos y la política en general. Aunque la mayoría podría verla como una mujer que sabe escuchar, en la práctica ha sido cómplice de la tiranía de la mayoría con que Camilo Escalona ha ejercido su presidencia dentro del PS. El corazón de Isabel Allende, tan socialista como el de Escalona, debe de estar resentido por la cantidad de veces en que Bachelet sólo le ha preguntado a Escalona la opinión del partido, eliminando toda posibilidad de matices.

El oportunismo de Ricardo Lagos calza mejor con lo que se necesitará para liderar la oposición.

Bachelet sólo podría ser una buena líder de oposición si dejara de ser ella misma. Su aprobación se basa, en buena parte, por dar la sensación de estar por encima -o por el lado- de los partidos, corriendo una carrera propia. Así se explica, creo, el 48% de Frei en contraste con su 80% de aprobación. En ese sentido, un rol internacional calzaría mucho mejor en su perfil, dedicándose a la creación de consensos entre los países y estableciendo nuevos paradigmas de cooperación. Ahora que lo que necesita la Concertación es restar (figuras antiguas y odiadas), Bachelet podría quedar marcando ocupado en la tarea.

Será difícil para Bachelet postularse exitosamente el 2014. Para ese entonces ya habrá optado por erigirse como líder de la oposición, en donde no le irá muy bien, o por ocuparse en alguna labor internacional, desde donde no tendrá la trinchera para defenderse. Además, cuenta con menos aliados políticos que el propio Ricardo Lagos, quien se ha quejado públicamente de haber recibido poco respaldo ante los ataques de la Alianza.

Pablo Ruiz-Tagle, de Océanos Azules, fue uno de los primeros en advertir el egoísmo de Bachelet al no compartir su 80%.

Durante su gobierno, Bachelet no ha hecho nada para mejorar la situación de su coalición. En una entrevista afirmó que le hubiera gustado ver primarias en la Concertación, pero en la práctica no hizo nada para que eso fuera así. Como dijo Pablo Ruiz-Tagle, coordinador de Océanos Azules, “el liderazgo es para gastarse la popularidad en hacer transformaciones”. Bachelet se ha guardado su 80% para ella sola y no ha querido compartirlo con la coalición que la llevó al poder.

El futuro de la Presidenta corre peligro y, a menos que encuentre otra forma de estar presente que no sea intentando liderar un cambio en los partidos, es previsible que su aprobación se evaporará en un par de años. Bachelet ya tiene un legado escrito en los libros de historia no por haber sido la primera presidenta mujer sino que por la instalación de la seguridad social como una arista del modelo de desarrollo chileno y por haber sorteado la crisis de manera exitosa sabiendo escuchar a los que corresponden. Verla dialogar con díscolos al estilo de Marco Enríquez-Ominami o negociar una forma viable para elegir al próximo candidato de su sector le restaría credibilidad y chocaría con la principal cualidad que le ha permitido terminar con éxito su período.


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