Nacional — 6 de Febrero de 2010 — 3 comentarios
Michelle Bachelet: La revolucionaria de Defensa y las FF.AA.
Por Sebastián Lehuedé
Después de ser ministra de Salud, Michelle Bachelet pasó a Defensa. Desde entonces y hasta hoy, cerca de un mes antes de terminar su período, ha hecho todo lo posible por afinar el funcionamiento de las FF.AA. y su ministerio correspondiente. Después de Pinochet y hasta hace cuatro días, cuando promulgó una revolucionaria ley, el poder e independencia que tenían los militares desentonaba con el modelo de desarrollo chileno basado en los valores democráticos. Dentro de las hazañas de Bachelet se cuentan tres hitos: la creación de la “cuarta cuenta”, la iniciativa de terminar con la Ley Derogada del Cobre y las reformas actuales que ya están vigentes.
La primera revolución: Lo mínimo para las FF.AA., Defensa se queda con el resto
Es 2002. Bachelet aparece en los medios como la primera ministra de Defensa en Latinoamérica. La historia del tanque y de su intento por acercar a los militares con el mundo civil se cristaliza en una foto en la que aparece la ministra en un tanque vestida de militar. Una socialista hija de un uniformado asesinado en los primeros años de la Junta Militar. Sin embargo, la foto no habría causado tanto revuelo si no hubiera aparecido en la portada de El Mercurio. Todo un símbolo que, según algunos, la catapultó como candidata presidencial.
Aunque la mayoría se quedó con eso, Bachelet hizo un cambio revolucionario en las Fuerzas Armadas y que, en la práctica, significó un límite al 10% de las ventas de Codelco que obligatoriamente debían ir a Defensa. Bachelet reinterpretó la Ley Derogada del Cobre: creó una “cuarta cuenta”, aparte de la del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea donde hasta entonces se depositaba directamente. Esta cuenta pasó a ser administrada por el ministerio de Defensa.
La reinterpretación de Bachelet obtuvo el visto bueno de la Controloría. Desde entonces y por primera vez se le ponía una cortapisa al gasto que hacían los militares y que había derivado en ineficiencia: si no le rindo cuentas a nadie, compro lo que se me dé la gana. Las ramas del Ejército se quedaron con el piso mínimo que la ley obligaba a entregarles, alrededor de 250 millones de dólares.
La segunda revolución: No a la ley del cobre
Aunque todavía no es ley ya que está en tramitación, existen muchas posibilidades de que se transforme en realidad. La famosa Ley Reservada1 del Cobre, que existía desde antes de Pinochet, es la que le ha permitido a las FF.AA. recibir el 10% de las ventas de Codelco. En septiembre de este año Bachelet firmó un proyecto para derogar la ley que, curiosamente, ni siquiera los parlamentarios pueden leer en su plenitud. Si bien esta revolución no resulta tan práctica como la otra, sí posee un gran carácter simbólico. La Ley Reservada del Cobre ha estado en la mira de la Concertación desde que asumieron el poder, pero, por alguna razón, sólo en este Gobierno pudo plantearse su derogación en el Congreso.

A la firma del proyecto que deroga la Ley Reservada del Cobre asistieron todos los Comandantes en Jefe.
El proyecto, eso sí, está un poco cojo. Está bien que los montos para las FF.AA. estén dentro del presupuesto que debe aprobar en Congreso, pero es una lástima que tenga que ser rectificado cada año. La ley establece ciclos de planificación cada doce años dividido en tres períodos de cuatro años, que es lo que dura cada Gobierno, lo que tiene poco sentido ya que de todas maneras podría ser vedado en el Congreso en un año de crisis, por ejemplo. Las Fuerzas Armadas necesitan proyectos de largo aliento. Las adquisiciones se enmarcan dentro de planes más grandes que abarcan muchísimo más que un año.
En ese mismo proyecto se crea el Fondo de Contingencia de Defensa, que es donde irán los dólares que se han ido acumulando desde el 2002 en la cuarta cuenta.
La tercera revolución: No a las rencillas entre las ramas
Con la ley promulgada el 2 de febrero los militares vuelven a depender única y exclusivamente del Presidente de turno. Así, los militares vuelven a estar en manos de la sociedad civil. Además de reafirmar la dependencia de los militares al Gobierno, la ley revolucionó a las Fuerzas Armadas. Las ramas ya no contarán con subsecretarías separadas. Esa mala práctica tenía origen en las leyes hechas por los militares mismos, en donde la desconfianza entre los miembros de la Junta Militar los llevaba a pensar que la separación era la mejor manera de administrarlas.

Bachelet nombró a Cristián Le Dantec, del Ejército, como Jefe de Estado Mayor Conjunto. Es obvio que el próximo turno será de la Armada y luego de la Fuerza Aérea.
La teoría del accionar conjunto (que las ramas actúen organizadamente) aún está lejos de la realidad. Por eso el Ejército de Estados Unidos tiene sus propios aviones y barcos. Algunos han querido ver en la creación de la figura del Jefe de Estado Mayor Conjunto una propuesta ilusa de accionar conjunto. Sin embargo, en la práctica esa figura no será más que una especie de consejero de confianza del Presidente, ya que sin él sería difícil hacer valer su voz ante los militares. No se trata de un cargo que esté por sobre los Comandantes en Jefe. Su misión es diferente y no pueden ser comparados. El Jefe de Estado Mayor Conjunto será el encargado de llevar a la práctica lo encomendado por el Presidente dejando de lado las desconfianzas entre las ramas.
Es triste que los Comandantes en Jefe hayan decidido restarse a la ceremonia de promulgación (a menos que, claro, todos hayan tenido realmente “problemas de agenda”). Su ausencia demostró que todavía existen resabios de una visión de las Fuerzas Armadas que está de baja.
El resultado
El hecho de que Michelle Bachelet haya sido quien impulsó toda esta serie de reformas no es casual. Su condición de hija de militar le asigna una cuota de confianza extra por parte de los uniformados. Además, en diversas oportunidades ha dado a conocer su admiración por ese mundo. Entró al mundo de Defensa porque lo buscó. Antes de ser ministra de Salud estudió en la Academia de Asuntos Políticos y Estratégicos de EE.UU. Sus buenas calificaciones la llevaron luego al Colegio Interamericano de Defensa, en Washington D.C.
“Chile tiene las mejores Fuerzas Armadas en su historia para construir, ofrecer y asegurar la paz”, dijo Francisco Vidal, actual ministro de Defensa.Y pocos uniformados lo refutarían. Aunque el mundo civil tiende a pensar que durante la dictadura nuestras Fuerzas Armadas estuvieron mejor que nunca, hoy los militares reciben mejores sueldos, tienen mejores armamentos y la gente los respeta más. En una encuesta de noviembre del año pasado, de hecho, obtuvieron un 43% de aprobación, no tan lejos de Carabineros (52%).



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Estimado muy buena radiografía de la mandataria, ha hecho mucho por mejorar el funcionamiento de las FFAA. Sólo me sorprende que sus reformas hayan sido tan poco discutidas públicamente.
Álvaro: Sí, tienes razón, faltó debate. Tengo la intuición de que pudo haber sido para evitar poner a los ciudadanos en contra de las FF.AA. No se me ocurre otra razón, porque finalmente nos enterábamos de las cosas a través de los medios.
En todo caso, eso demuestra que todavía quedan cosas por arreglar, como el secretismo que ronda alrededor de la cuestión. No se trata de que lo sepamos todo, eso nunca podrá ocurrir, pero sí que se discuta la existencia de un Jefe de Eº > Cjto.
Saludos,
S.L.
y lo hizo calladita,sin mayor alborot, alguien supo algo? no mucho…gran reportaje.